Prensa

GUADALUPE RAVENTOS QUINTETO

En la voz, pura energía femenina, de Afrodita a la Pachamama

Publicado el 10 de Abril de 2011
En el camino de la tradición de Ella Fitzgerald, Bessie Smith, Abbey Lincoln, Ida Cox, Norma Winstone y Billie Holiday, en su último trabajo, Lady, la cantante transforma cada canción que interpreta en una creación propia.
 

Lo que vi en Nueva York me confirmó lo que intuía a los 17 años, cuando inicié mi camino musical inspirada en grandes músicas y músicos: Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan, Dizzy Gillespie y Charlie Parker, que sonaban en el tocadiscos mientras crecía, junto a Jobim, el Dúo Salteño y Aretha Franklin. Además del dominio técnico, comprendí que para ser una gran cantante de jazz había que lograr una relación muy natural con la música, saber interpretarla con las entrañas”, comenta Guadalupe Raventos.
Y esto es lo que se nota en su nuevo álbum, Lady, donde la cantante aborda un repertorio que le permite transitar con total soltura temas que van de Cole Porter a Charlie Parker.
Acompañada por Sebastián Valsecchi en guitarra, Ezequiel Dutil en contrabajo (integrante a su vez de los tríos de Walter Malosetti y Adrián Iaies), Rodrigo Reparaz en batería (Walter Malosetti trío) y Santiago De Francisco en saxo tenor, Raventos integra su voz en una confluencia de llamativa calidad. 
Lady, según comenta, está dedicado a la energía femenina, a lo sagrado femenino, que lleva los nombres de la Pachamama, la virgencita de Guadalupe y Afrodita, además de los de todas esas mujeres que realizan distintos tipos de milagros cotidianos: criar a sus hijos, ser artistas, artesanas, maestras, agricultoras, creadoras de todo tipo.
La dedicatoria no cae en saco roto, ya que si hay algo que caracteriza la voz y el decir de Raventos es una energía vital expresada en cada fraseo, en cada sílaba que pronuncia, en cada “scat” que aborda con una rara mezcla de potencia, vitalidad y dulzura, sin caer en manierismos que puedan quitarle feminidad a su canto.
Siguiendo la tradición de grandes cantantes como Ella Fitzgerald, Bessie Smith, Abbey Lincoln, Ida Cox, Norma Winstone o Billie Holiday (referentes evidentes en su personalidad musical), Raventos se interna en la médula de cada canción y la hace vibrar con swing, sensualidad y energía, de acuerdo con cada caso.
Para lograr esos objetivos le sirve de marco la labor de los músicos que integran el quinteto. La guitarra de Valsecchi le proporciona una estructura armónica que le permite jugar con su voz, mientras que Dutil en el contrabajo y Reparaz en la batería le dan una base rítmica a todo el entramado musical, en el que el saxo de De Francisco aborda, junto con la guitarra, la posta melódica de los temas.
Instrumentistas de gran valía, cada uno tiene su momento de lucimiento en las canciones por intermedio de solos de una creatividad fresca y exenta de intenciones de protagonismo.
El comienzo del álbum con la versión a capella de “Lady Be Good” de George e Ira Gershwin expone sin antesalas la ductilidad expresiva de Raventos, que se desarrolla y crece a medida que van pasando las pistas del CD. El contrabajo sirve de motor para su tema “Lady Luck. Satin Doll” de Ellington, seguido por la reconocible y vibrante melodía de “Nica’s Dream”, de Thelonious Monk. 
“Lonely Woman” (Silver y Lincoln) y “Sugar In My Bowl” (Bessie Smith), determinan un momento más relajado del álbum y preceden al tema de Sergio Mihanovich, “I Really Don’t Care”, con una notable introducción a cargo del saxo. “Up Jumped Spring” y “A Flower Is a Lovesome Thing” con su atmósfera densa y brumosa dan paso al hard bop de “Donna Lee” de Charlie Parker, en donde Raventos se luce con el intrincado dibujo de la melodía, cantando al unísono con el saxo y compartiendo con este el protagonismo del tema, al cual se van sumando los diferentes solos.
“Let’s Do It”, “Let’s Fall In Love”, “Throw It Away” y “Wild Women” “Don’t Have The Blues” cierran un trabajo en el que Raventos y sus músicos demuestran que no es necesario ir a Nueva York para encontrar jazz de gran nivel y calidad. <

8.04.2011 | 18:04

Grabaciones

Jazz, toda una inversión

Cantantes e instrumentistas que reinciden en las bateas porteñas

Domingo 29 de mayo de 2011 | Publicado en edición impresa

¿En qué invertir el medio aguinaldo que se cobrará en junio? Olvídese del dólar, el euro, las acciones, los bonos. En la Argentina, hoy, una de las mejores inversiones es apostar al jazz nacional, de un enorme rendimiento. Y la gran oportunidad es aprovechar algún dinero adicional para comprar un lote de nuevos discos de jazz, que desafían a los que aún no creen en la alta rentabilidad que genera en el alma la buena música nacional.

Primera alternativa de inversión: el combo que integran las cantantes Guadalupe Raventos, con su flamante Lady , y Roxama Amed, con Inocencia , que confirman que el jazz vocal femenino no deja de crecer. En el primer caso, el álbum de Raventos permite que su prodigiosa voz se ponga al servicio de un proyecto que homenajea a la energía femenina a través de standards nada concesivos. Hay que animarse a comenzar el álbum con un tema a capella, “Lady Be Good”, y salir fortalecido de esa decisión audaz. O apelar al scat sin complejos y brillar al cantar al unísono con el saxo un acelerado clásico de Charlie Parker, “Donna Lee”. Raventos, que presentará el disco el próximo martes y el 21 de junio en Clásica y Moderna, construye, acierto tras acierto, uno de los mejores discos del año en este rubro, así como hace lo propio Amed con una propuesta completamente distinta.

Clásicos argentinos

En Inocencia , que será presentado el 18 y el 25 de junio en el Café Vinilo, esta cantante recorre grandes canciones del folklore argentino sin que su impronta jazzera se pierda en el intento. Es notable cómo los múltiples matices de su voz llevan el germen de la improvisación mientras los arreglos de clásicos como “Piedra y camino” o “El arriero” pueden pasar de la austeridad a la complejidad, pero siempre aportándole un color distinto a cada tema. En este sentido, hay aciertos como la participación de músicos de jazz como Adrián Iaies (su compañero de ruta en el disco Cinemateca finlandesa ), Guillermo Klein, Ricardo Cavalli o Richard Nant, o invitados de lujo como Pedro Aznar, que comparte con Amed el estreno de “La volvedora”, una zamba propia, y Manolo Juárez, con el que logra una conmovedora versión de “La nochera”. Y otro punto alto es un puñado de bellos temas compuestos por Amed como “La sombra”, “Abandonada” o “Hijos de nadie”.

Ricardo Carpena

Jazz argentino al día

De Manuel Ochoa y Guadalupe Raventos, a Gustavo Giles y Ligia Piro, un repaso por nuevos lanzamientos que confirman el gran momento del género en la Argentina

Con una extensa trayectoria, que incluye colaboraciones con Luis Alberto Spinetta, Fito Páez, Lito Epumer, David Lebón y Gillespi, entre otros, Gustavo Giles es uno de los bajistas más reconocidos del medio. En Selección Group (Epsa), su flamante CD, se luce en el bajo melódico, sobre un power trío integrado por Carlos Madariaga (bajo), Oscar Dionisi (guitarras) y Mariano Sansi (batería). Son siete composiciones propias, más “Sweet Thing”, de Ruffus, y dos homenajes: “Mk”, basado en solos de Mark King, y un medley de “Teen Town”, “Punk Jazz” y “Donna Lee”, en tributo a Jaco Pastorious. Participan, entre otros, el bajista Mariano Otero (con un notable solo de bajo en “Ritmo para todos”) y el tecladista Mario Parmisano (en la preciosa balada “El sonido del corazón”). La gran virtud de Giles, bajista virtuoso, es justamente escaparle al exhibicionismo y transformar a Selección Group en un disco donde priman las melodías, y hay un amplio abanico estilístico (baladas, funk, bop) siempre bajo una atmósfera de jazz-rock.

“Nena, ¿cuándo vas a cantar en el Maipo? Hacemos lo que quieras. Te doy el teatro”, le dijo el empresario Lino Patalano a la cantante Ligia Piro. Y el resultado es Según pasan los años (Alfiz/Ligia Piro), un precioso disco grabado en vivo durante cuatro presentaciones realizadas en marzo de 2010. Un repertorio ecléctico que incluye versiones de Los Beatles (“Day Tripper”), Spinetta (un gran arreglo jazzístico de Ricardo Lew para “Barro tal vez”), bossa nova (“Eu sei que vou te amar”, “O pato”), folclore (“Zamba de Juan Panadero”, de Leguizamón y Castilla), entre otras gemas, que destaca la versatilidad de Ligia. Acompañada por una banda de lujo, con dirección musical y arreglos del pianista Diego Schissi, Alan Plantcha (guitarras), Juan Pablo Navarro (contrabajo), Paula Pomeraniec (cello), Mario Gusso (percusión) y Javier Martínez (batería), Piro cuenta, también, con la presencia estelar de su madre, Susana Rinaldi, en la versión en español de “As Times Goes By”, el leiv motiv de Casablanca, un standard que funciona como un canto a la melancolía. Rinaldi se suma, también, a un segmento tanguero que incluye el valsesito “Desde el alma”, “Cada vez que me recuerdes” y “Yuyo verde”.

Aún más impactante que la silueta de María Puga Lareo enfundada en un sensual vestido a rayas es el personal que la acompaña en Facetas, su segundo CD: el gran bajista Eddie Gómez (colaborador de Bill Evans, Charlie Mingus y Chick Corea, entre otros), el guitarrista Quique Sinesi, Carlos Franzetti y Fernando Gelbard son los músicos que grabaron con ella en Nueva York. Son once versiones con impronta jazzística y refinados arreglos, de piezas de Paul Simon (“I Do It For Your Love”), Bob Telson (“Calling You”, leiv motiv del film Bagdad Café), Gardel y Lepera (“El día que me quieras”), Armando Manzanero (“Contigo en la distancia”), Tom Jobim (“Angela”) y Duke Ellington (“In a Sentimental Mood”), entre otros.

En su nuevo CD, Lady (Melopea), Guadalupe Raventos comienza cantando a capella una preciosa versión de “Lady Be Good” (de George & Ira Gershwin), y lo que sigue es un tema propio “Lady Luck”, pleno de swing e inventiva, que se (con)funde entre standards de Duke Ellington (“Satin Doll”), “Let’s Do It, Let´s Fall In Love” (Cole Porter) y Bessie Smith (“Sugar In My Blow”). Guadalupe le pone letra a “Nica’s Dream”, un original de Thelonious Monk, y rescata “I Really Don’t Care”, exquisito blues del gran compositor (y crooner) argentino Sergio Mihanovich. Acompañada por Ezequiel Dutil en contrabajo, Rodrigo Reparaz en batería, Sebastián Valsecchi en guitarras y Santiago de Francisco en saxo tenor, Guadalupe Raventos transita sobre un repertorio clásico, pero con la improvisación y el scat moderno, que encuentra una de sus mejores expresiones cuando canta al unísono del saxo en “Donna Lee”, el clásico de Charlie Parker. Con Lady, Raventos es una de las cantantes argentinas más ricas en técnica e inventiva.

El pianista platense Manuel Ochoa fue incrementando su acompañamiento disco a disco. Rudias (2005), fue a piano solo (con Fats Fernandez y Hernán Merlo como invitados estelares); en Manare (2007), incorporó a Ezequiel Dutil en contrabajo y a Rodrigo Reparaz en batería; y en el flamante Fauna, al formato de trío (Pepi Taviera reemplaza a Reparaz), añadió al trompetista Sergio Wagner (que también se luce en el flugelhorn) y a Ramiro Flores, en el saxo alto y soprano. Con arte de tapa de Rocambole, que aporta su mística ricotera, se trata de un disco extraordinario. Son temas compuestos y arreglados por el propio Ochoa, que se inscriben en la senda del jazz moderno, pero en un contexto mainstream, con el ritmo vigoroso del hard-bop y momentos reflexivos que culminan con una improvisación a solo piano. Ochoa se formó jazzísticamente entre Buenos Aires y Nueva York, donde tomó clases con, entre otros, el maestro Fred Hersch. Y eso resalta no sólo sus virtudes como intérprete, sino también como compositor, en un estilo que absorve y procesa buena parte de la historia del jazz.

En las liner notes de Nius On (Pai), el primer disco del Pablo Basez Novo Cuarteto, el crítico y escritor Diego Fischerman sostiene: “El jazz puede sonar de maneras muy diferentes, pero siempre se sabe que es jazz”. Por eso, éste es, sin duda, un disco de jazz”. Son ocho temas compuestos por el bajista Basez, egresado de la Escuela de Música Popular de Avellaneda, que ostenta un pasado blusero como fundador de la 6 en punto Blues Band en los 90, y que además dirige la Escuela de Arte de Valentín Alsina. Aportan a la composición el saxofonista Gonzalo Rodríguez Vicente y el guitarrista Rodrigo Agudelo Covarrubias, y el grupo se completa con el baterista Luciano Casas. Entre climas intensos (“Sin trabas”) y reflexivos (“Playa Mulatos”), se reconoce un espíritu de libertad, siempre dentro de los códigos del género, con resultados usualmente fructíferos.

Por Humphrey Inzillo

EL DISCO RECORDADO

John Coltrane & Johnny Hartman-Impulse (1963)

Publicado el 13 de Marzo de 2011

 

Hay motivos para que el álbum John Coltrane y Johnny Hartman sea el que siento más cercano. Cuando vivía en Nueva York tomé clases con Sheila Jordan y Mark Murphy, dos grandes cantantes de jazz que compartieron escenarios, por ejemplo, con Bill Evans y Charlie Parker. Ellos me insistieron en que prestara atención a Coltrane, a la creatividad de sus improvisaciones. Hasta entonces tenía miedo de aburrirme y de encontrarme con un músico frío. Pero evidentemente no podía cerrarme: “Sos una cantante de jazz –me reclamaba Mark–. Escuchá el fraseo de Miles Davis, de John Coltrane. Para improvisar como Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, hacé como ellos: escuchá instrumentistas.” En ese disco, el saxofonista, que estaba en la cima de su carrera, sumó a Hartman, que había trabajado con él en la orquesta de Gillespie, pero que no era demasiado conocido. La idea de Coltrane era grabar un disco de baladas. Sonaron los primeros compases de “They Say It’s Wonderful”. El tenor de Coltrane y la voz profunda, de barítono de Hartman, con el piano de Mc Coy Tyner, la batería de Elvin Jones y el contrabajo de Jimmy Garrison. Creo que entré en trance. Y en todo el disco no escuché nada que me asustara. Todo lo contrario. No me aburrí: lo sigo escuchando y me sigue inspirando.

 

Guadalupe Raventos

Entre el jazz, la bossa y el bolero

Presenta su nuevo CD, “Mala perra”

Martes 13 de diciembre de 2005 | Publicado en edición impresaCompartirEntre el jazz, la bossa y el boleroUna voz del jazz con diversas influencias. Foto Archivo

Guadalupe Raventos propone desde su nuevo disco, “Mala perra”, un paseo por diferentes lugares musicales. Tanto música de jazz, como rioplatense y aires de bossa nova se entrelazan allí para poner en evidencia el mundo de esta artista.

Nacida en la escena del jazz, Raventos es una de las voces más destacadas de ella. Además, en este, su último trabajo, producido por Litto Nebbia para el sello Melopea, la cantante exhibe como nunca su faceta de compositora.

Raventos presentará hoy, a las 21.30, en Vitis BA, Reconquista 974, su disco con Sebastián Valsecchi en guitarra, Mariano Agustoni en teclados, Alejandro Frankel en bajo, Mariano Safir en batería y Mariana Fossati y Agustina Alegretti en coros.

De ser una cantante estilísticamente bopper, Guadalupe Raventos fue volcándose hacia una expresividad más vinculada al tango, como también a la balada.

En la actualidad, su forma de cantar y la dirección de su música muestran un enfoque amplio en el que sin haber dejado de lado el canto jazzístico, la artista también se nutre de sus raíces porteñas como también de la música brasileña.

Su trabajo “Mala perra” abreva en historias de mujeres de carácter, una suerte de oda al género en el que la Reventos transmite fuerza y convicción.

Temas como “Mala perra”, “Man, You Move Me” o “Novio celoso”, con aromas caribeños, hablan de una cantante que evidencia gusto por la variedad.

radar

DOMINGO, 14 DE MARZO DE 2010

HITOS > 200 COVERS DE LUJO DEL MEJOR ROCK ARGENTINO

Las perlas

Litto Nebbia le rindió tributo a la década fundante del rock argentino y el resultado es impactante: 200 grandes temas de aquellos años, entre himnos y joyas desconocidas, con una convocatoria impresionante que va de los miembros de Los Gatos y Almendra a Fito Páez y Calamaro, pasando por grandes músicos independientes y de culto. Ahora, los 9 discos, el DVD y el cuaderno de grabaciones escrito por el mismo Nebbia llegan a las disquerías y kioscos. Radar los escuchó enteros y armó una primera guía con perlas que a la vez rescatan temas históricos y entran en la historia.

 Por Alfredo Garcia

Nueve CD. 200 temas. Más de cien músicos de rock de todos los tiempos –incluyendo varias leyendas vivientes, bandas de culto, grupos under y algunos talentosos ignotos– fueron convocados por Litto Nebbia para homenajear la era de oro del rock criollo. Cada disco está dedicado a artistas distintos: Los Gatos Salvajes y Los Gatos; Almendra; Moris, Miguel Cantilo, Roque Narvaja y Arco Iris; Manal, Vox Dei y Pappo’s Blues; Pescado Rabioso, Aquelarre, Huinca y Color Humano; Sui Generis, León Gieco y Charly García; Luis Alberto Spinetta, y uno de artistas varios. Entre los músicos que reinterpretan los temas propios y ajenos, en versiones totalmente personales, se puede mencionar a Andrés Calamaro, Spinetta, Gieco, Nito Mestre, Fito Páez, Alejandro Medina, Ricardo Soulé, Claudio Gabis, Ciro Fogliatta, Hugo Fattoruso, Ariel Minimal y Pez, Compañero Asma, Súper Ratones, The Tormentos, Los Grillos, Los Barreiro, Black Amaya, María Rosa Yorio, Miguel Cantilo, Antonio Birabent, Gustavo Bazterrica, David Lebon, Lito Vitale, Kubero Díaz, Nube 9, Rubén Rada y la lista sigue.

Casi todas son canciones grabadas especialmente para este proyecto de Melopea, Una celebración del rock argentino, y si bien como factótum Nebbia participa en muchas sesiones –a veces reuniendo legendarios rockers que nunca habían tocado juntos– el resultado es un raro viaje musical, con matices sonoros para todos los gustos.

Los box sets suelen ser compilaciones de hits preexistentes, pero éste está lleno de sorpresas musicales increíbles. El

booklet de 108 páginas, con textos de especialistas como Mario Antonelli, Eduardo Berti, Marcelo Gasio, Daniel Grigera, Claudio Kleiman y Sergio Marchi, también incluye data básica o pequeñas biografías de cada uno de los intérpretes. Está claro que detallar todo en unas cuantas líneas sería imposible, por lo que como muestra, la siguiente es una lista de pequeñas gemas que surgen de este verdadero calidoscopio de covers:

Che piruja, de Miguel Cantilo, por Roque Narvaja. El rock se funde con la milonga en esta pequeña obra maestra de Cantilo, visceral y formidablemente versionada por Narvaja. A su vez, Cantilo le devuelve el favor a Narvaja con “Malena no te rindas”.

Mañanas campestres, de Arco Iris, por Nito Mestre. Esta combinación da lugar a algo así como la Capilla Sixtina del country folk argentino, con excelentes arreglos vocales y un soberbio trabajo de guitarra de Nebbia.

Guerras, de Vox Dei, por Richter. Momento realmente increíble: el clásico de La Biblia, de Vox Dei, en versión tecno al mejor estilo Devo, y lo que es mejor, sin dejar de ser fiel al espíritu original.

No voy en tren, de Charly García, por Rubén Rada. Otro de los momentos divertidos y supercreativos, con arreglos increíbles y el debut de Matías Rada, hijo de Rubén. Uno de los pocos temas grabados en Uruguay. Un aporte de Rada: “¡Yo no me copo con nadie!”.

¿Nunca te miró una vaca de frente?, de Miguel Abuelo, por Los Barreiro. Un tema de culto, de letra única por su humor surrealista, acelerado a la máxima potencia por el histrionismo inigualable de Pachi Barreiro.

El Rey lloró, de Los Gatos, por Luis Alberto Spinetta: uno de los grandes temas de la historia del rock argentino en una versión contundente, con sutiles electrónicas y un estribillo que Spinetta va transformando del rango vocal original al suyo de forma totalmente espontánea. En batería hay otro Almendra, Rodolfo García. “El Rey lloró” es uno de los pocos temas que se repiten en el box set; la otra versión, excelente y más clásica, está a cargo de León Gieco.

Ahora me amas, de Los Walkers, por Zorros Petardos Salvajes. La gran banda de culto oriental de fines de los ’60 magistralmente versionada por los adrenalínicos músicos de culto del rock de garage argentino en su máxima potencia.

My Baby, de Los Mockers, por Ciro Fogliatta. Otro supercombo: Ciro, con Rodolfo García en batería, Nebbia en teclados y el mismísimo Jorge Fernández de Los Mockers en guitarra recreando su viejo hit con un solo de aquéllos.

La respuesta, de Los Gatos Salvajes, por Leopoldo Deza: uno de los más dinámicos hits beat de Nebbia y Fogliatta, convertido aquí en un instrumental de la más hippie e hipnótica psicodelia acústica. La flauta traversa de Deza, más la guitarra y percusión sixtie de Nebbia nos llevan al más profundo flower power tipo Jefferson Airplane. El sorprendente concepto de cover es el ejemplo perfecto de la libertad creativa con la que fue pensado este box set.

Durazno sangrando, de Invisible, por La Tolva. Faltaba un poco de punkie en el box (¿para cuándo el cover de “Muchacha ojos de papel” por Los Violadores?), pero La Tolva pone las cosas en su lugar con esta memorable versión a pura guitarra distorsionada.

El viejo, de Pappo’s Blues, por Claudio Kleiman. Esta quizá sea la mayor sorpresa de todo el box set. Kleiman, conspicuo periodista especializado en rock –y responsable de algunos de los textos del cuadernillo de esta edición– se anima con este emblemático tema del Carpo (también canta y es responsable de los brillantes arreglos instrumentales). Con 7 minutos, es el track más largo de todo el proyecto, y también uno de sus momentos culminantes.

Hombres de hierro, de León Gieco, por Andrés Calamaro con Litto Nebbia en guitarra. Calamaro canta el clásico de Gieco transportándolo de su concepción dylaniana a la de las canciones francesas de Boris Vian o Jacques Brel, apoyado por una asombrosa guitarra acústica de Nebbia. Imperdible.

Post crucifixión, de Pescado Rabioso, por Javier & Espíritu Celeste. Rara intrusión española, para que nadie diga que los gallegos no saben hacer rock & roll. Durísima guitarra con riffs cada vez más feroces hasta que llegan al más pesado heavy. En cambio, su versión de “El tren de las 16”, de Pappo, es más graciosa, casi parece la versión en español de los míticos chicos pesados de Spinal Tap.

Nena boba, de Pescado Rabioso, por The Beladies. Estas chicas dedicadas a tocar el repertorio de Los Beatles desde un punto de vista femenino no son ningunas bobas, y su cover del clásico misógino de Spinetta no sólo funciona como gran momento irónico de la caja: también es rock & roll del mejor.

Chocolates, de Huinca, por Nube 9. Uno de los mejores y menos conocidos grupos del rock argentino, Huinca incluyó algunos de los mejores temas rockeros de Nebbia. Esta versión de “Nube 9” tiene arreglos brillantes y uno de los órganos más sixties de toda la caja. Quien no haya escuchado el tema quizá descubra la pólvora.

La casa de diarios viejos, de Los Gatos, por Compañero Asma. El mejor rock & roll sixtie se funde con tonos dark y sonido casi grunge en este contundente cover donde Hernán Espejo parece compenetrarse especialmente con la formidable letra de Nebbia. Otro gran momento rocker.

Sábado a la noche, de Moris, por Súper Ratones. Una de las grandes ausencias es algún cover de “De nada sirve” de Moris. Pero esta versión híper rocanrolera de “Sábado a la noche” es tan buena que casi redime el bache (los Súper Ratones también hacen muy buenos covers de “Ana no duerme”, de Almendra y “La legión interior”, de Miguel Cantilo).

Una casa con diez pinos, de Manal, por Pez. Simplemente uno de los mejores temas del rock argentino, en una versión tan fiel al original como actual, demostrando la contundencia de la banda de Ariel Minimal (y el talento del tecladista Pepo Limeres).

Doña Laura, de Manal, por Guadalupe Raventos. Sin ánimo de resultar herético, esta versión casi supera al original, en buena parte por el carisma y la eficacia de la cantante, y también gracias al combo de músicos que la apoya, incluyendo dos Gatos (Nebbia y Fogliatta), un Almendra (Rodolfo García) y un auténtico Manal (Alejandro Medina, que en otro track se despacha con un electrizante “Avenida Rivadavia”).

Ruta A Go Go, de Los Gatos Salvajes, por The Tormentos. Firme candidato a mejor tecladista de la era oro del rock criollo, Ciro Fogliatta metió este instrumental al estilo Booker T & The Mgs –aunque nunca los había escuchado– para que las chicas bailen. Los genios de la música surf vernácula, es decir The Tormentos, dejan la tabla y se van a la ruta con una precisión rítmica formidable y alucinantes contrapuntos entre la guitarra y un misterioso tecladista que no puede ser otro que Ciro Fogliatta. Uno de los puntos altos en cuanto a sonido vintage de todo el box set.

Natural, de Tanguito, por Los Grillos con Litto Nebbia. De los 200 covers, esta súper rockera revisión de “Natural” quizá sea el mejor por su capacidad de convertir la psicodelia ingenua de Tanguito en un monstruoso hit a todo riff de guitarra, a los que en un momento mágico se agrega una súper inspirada irrupción de Nebbia en guitarra acústica, como para recordar las armas del viejo Ramsés.

Alza la voz, de Pajarito Zaguri y La Barra de Chocolate, por Manu. Según el texto de Mario Antonelli en el booklet, éste quizás haya sido el primer tema beat prohibido por el establishment. Casi desconocido, es una obra maestra, y la sola presencia de este cover justifica la existencia de los 9 CD. La versión de Manu es muy buena, pero ojalá los que la escuchen ¡llamen a La Mega para que pasen el original!

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El jazz tiene voz de mujer

Cuatro: Eleonora Eubel, Ludmila Fernández, Guadalupe Raventos y Graciela Cosceri le ponen palabras a ese género.

Sábado 30 de mayo de 1998 | Publicado en edición impresaCompartir

El trompetista Louis Armstrong, primera voz del jazz, decía que los cantantes tenían un problema extra: las palabras.

Aunque desconocidas para el gran público, Eleonora Eubel, Guadalupe Raventos, Graciela Cosceri y Ludmila Fernández son la voz del jazz local. En la Argentina, el jazz tiene voz de mujer.

En efecto, con distintas raíces y experiencias musicales, no hay fin de semana sin que, una de ellas, le ponga voz al jazz en alguno de los clubes locales. Sin embargo, esta sistemática aparición sobre los escenarios no tiene su contrapartida en difusión, de ahí que necesiten ser presentadas.

A Ludmila Fernández (mezzosoprano) el rock le abrió la puerta, pero sintió pronto las limitaciones de ese género tan atado a los doce compases heredados del blues.

“Mi experiencia inicial fue con el blues, pero muy rápidamente pasé a escuchar y tratar de frasear de manera jazzística”, señala Fernández. “Recuerdo que buscaba un estilo que congenie conmigo y un día escucho “Take five”, de Perkins, y me dije “esto es lo que quiero”.”

Los comienzos de Eleonora Eubel (mezzosoprano) también fueron en el rock; a principios de los setenta, y formando parte del coro de La Banda del Paraíso, grupo cuyo baterista era Black Amaya. Durante un destierro voluntario en Bariloche, comenzó a participar de “jam sessions” cerca de Diego Rapoport y Alberto Bengolea y se largó a cantar jazz; desde ese momento su estilo iba a encontrar en esta corriente un lugar donde crecer.

“Cuando volví a Buenos Aires, comencé con la Creole Jazz Band, que hace jazz tradicional”, añade, la cual integra aún hoy, a pesar de que también motoriza un proyecto como cantante de bebop.

Para Graciela Cosceri (soprano), también conocida como Graciela Mescalina (nombre para el under), los comienzos no fueron cercanos al rock.

“Sí, yo cuando comencé era una mezcla de Floreal Ruiz y Rosamel Araya con Aretha Franklin; de ahí que canto jazz, pero con influencias diferentes”, señala Cosceri.

Advierte que su paso por el Parakultural le dio otras características, las cuales trata de plasmar en su repertorio, que es básicamente de jazz, pero abierto a otras corrientes.

Cosceri señala que antes de hablar de “lo que no se puede, prefiero hablar de lo que puedo”.

Compromiso espiritual

Y comienza con un ejemplo: “El Mono Fontana tocó durante años ante un auditorio de cinco personas, pero eran cinco tipos que disfrutaban”, explica Cosceri, quien mantiene un compromiso casi espiritual frente al negocio del espectáculo. Para Guadalupe Raventos (soprano), quien ya grabó un álbum para el sello Melopea, “Lullabop atLast”, sus comienzos fueron con “los discos de McCartney; en mi casa se respiraba cierto aire hippie, lo cual me dio libertad para elegir. Después me volqué al pop”, añade.

Es indudable que el hippismo no significa mal gusto. “En mi casa _cuenta Raventos_ había cierta reticencia a esa música; mi padre la llamaba ritmo de lavarropas”.

Lo cierto es que su acercamiento al jazz sucede (como en una historia de amor) un verano en Villa Gesell, donde escucha una banda de swing. “Ahí, cambié”, dice.

Buenos apoyos

Llega la hora de los agradecimientos. Señalan que recibieron apoyos fundamentales para sus carreras.Ludmila Fernández y Eleonora Eubel reconocen en Tony Salvador un sostén musical: para Graciela Cosceri, ese apoyo se llama Horacio Larumbe y Juan José Herminda, ambos pianistas, y para Guadalupe Raventos, el guistarrista Marcelo Cardozo.

La charla deriva en el jazz que cada una está haciendo, un bop clásico, si lo hay. Por ejemplo, “Easy Living”, tema de Robin y Rainger, que inmortalizó Billie Holiday, es uno de los “caballitos de batalla” de los repertorios de Eubel, de Fernández y de Raventos.

Ciertamente, menos encasillada está Cosceri, quien en su álbum independiente conujuga “Ask me Now”, de Thelonious Monk, con “Wait Until Tomnorrow”, de Jimi Hendrix, en una excelente adaptación de Javier Malosetti.

Demasiada Billie Holiday

Es difícil, en un país sin tradición jazzística, no caer en cierta reiteración estilística. Betty Carter y, como no podía ser de otro modo, Billie Holiday son las influencias más notorias.

Sostienen que hay algo más de espacio para el jazz en los escenarios locales y es en esa apertura donde las cuatro cantantes trabajan seriamente para abrir una brecha y así tener un lugar que un mundo justo no debería negarles.

César Pradines 


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